Coplillas a la muchacha

I

¡Ah, muchacha entregada
de campo y ardorosa!
ya de tu cuerpo despegada,
ya sin espinas en tu rosa.
Todo sentir ceniciento,
manos al sol que nombra
¡ah, muchacha del viento
en los verdes de altas copas!
Mañana, tal vez al olivo
te encauces temblorosa,
mañana tal vez al camino
que nunca de agua se agota.
Vendrán mendigando tu flor
los hombres al acantilado
en nombre del falso amor,
humo cuando te hayas dado.
¡No busques muchacha!
el amor no debe buscarse
ni mirar horas pasadas,
sólo sabrás que encontraste
un clavel entre las rosas,
muchacha que las espinas
entregaste tan hermosa;
de hombre aún no entrego,
a tu cuerpo tan perseguido,
este dolor lindo que llevo
mostrándote sólo al amigo.

II

¡Ay, muchacha bonita
de todas estás hecha!
¿qué si el norte te besa?
de aceituna y manzanilla,
ojos de mezquita cordobesa
¡ay, si un día por la ventana,
muchacha linda, muchacha
al eje de tu talle me ciñera!
dos soles de ardiente verano
en tus pechos manifiestan
que asomarán su efervescencia
¡ay, si hacia mis manos
en la hora sin motivo alguno,
sus estrellas consintieran
-yo caudal, ellos ribera-
y en el lugar hacer un mundo!
De todas tienes algo dado,
boca de sangre cenicienta
¡ay, si en tu boca pudiera
darte yo también un regalo!
¿Hay algo tuyo prometido?
-en testamento el alma vendiera
por pasear por tu cabeza
y al saberlo cambiarlo de sitio
si conmigo algo fuera-
¡vuela, vuela libre mariposa!
pero hoy serás la rosa
y por ti ¡ay, yo seré la abeja!

III

Muchacha, pequeña mía,
pequeña y linda muchacha,
es asombrosa la playa
y el alegre sol que mitiga.
Hoy el tiempo me cuenta
que sobre nosotros es silencio,
pequeña muchacha y beso
en la soledad de vidrio la tierra.
De las formas que el canto,
hacia ti, compañera cristalina,
mis venas se desangran y chillan,
allí, en la guitarra me desangro.
Sucedieron un par de versos
que hoy se duelen de distancia;
aconteció la flor que es agua
y de la mano hacia arriba fueron.
Bellísima muchacha y cobriza,
no se duele el vacío del cuerpo,
de dolor se duele el sentimiento,
de dolor cortan dos cuchillas.
Un eclipse es mercurio en mi boca,
como el leve movimiento de los peces,
se ensancha y después perece
en una triste locura loca.
Desde siempre te siento y nunca
-tapiz a medio caer en la ceguera-
fui en tus pechos la hoguera
antes de vivir en su quemadura.