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Desnúdate Quiero tener entre mis manos lo que mis manos en tus cosas tú me dejes habitar; después enterraré la memoria. Ahora ven y desnúdate; anoche soñé que eras lluvia en una playa infinita; enséñame un hombro o déjame que te desnude yo a la plena luz de mis ojos, que no faltes tú y hacia la ausencia jamás camines en lo oscuro. Que la playa se oculte en otra playa donde sólo el aire traiga el sabor del trigo, luego pensaré que tu pelo es una ola y me mostrarás como el semicírculo de un párpado se completa; redes, mariposas trémulas, un labio, otro labio; sé suave. Tu silueta asienta diminuta, corazón del agua, hidalga de la blancura; me das y me quitas de pronto el frondoso cuarto desnudo y las llaves de la delicia secreta, pero necesito vivir tres vidas al menos para el adjetivo. Que tu desnudez sea como desnudar el mundo -del fino tobillo hasta la altura en ti está el mundo resumido- despierta un pecho ante mis ojos; hay enigmas en ti de contrarias sutilezas, y una luz cegadora como los días de mayo, y crudas atenciones; muéstrame todo, ahora que cesó el negro color del silencio.
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