Al fino día


Tú perteneces al fino día,
al aire de repente que absorbo.
Para tu sonrisa clara,
suave como una de tus manos.

Como un niño va y viene, voy
de la luz al reflejo;
allí nace la luna
y tu desnudez es simple.

Dos estrellas visitan tu pecho
y la virginal línea de tu vientre
¡ah, amor! eres un racimo de agua
y la mar te zarandea despacio.

De la sombra de la lámpara
haces figuras en el espacio,
para tu boca de nada toda llena,
para la perla en tu cuello milagrero.

Yo voy atando de sal los trinquetes
a tus piernas como un navío
que a lo lejos se rompe del cielo
en los entre hilos de la locura.

¡Ah, amor, tú que brevemente
eres la llama que cimbra en la playa!
¡ah, amor como un mundo
qué bonita eres, amor, qué bonita!

Por el camino recojo las cosas
que dices que no te pertenecen,
una hoja, un diente, un dedo,
y con ellas voy haciendo racimos.