Rompe mi canto


Rompe mi canto en los postigos
donde tus piernas revelan su luto;
en las entrañas llevas profundo
la enlutada forma de mi castigo.

Viene rompiendo en dos aires
mi canto y entre veinte tierras,
entre dos pinos y dos fronteras,
entre seis cielos y siete mares

a ti, presa del tiempo impasivo
que piensas que nada te sujeta,
como si toda la vida en tormenta
te deshojases tras los visillos.

Nadie ve el fuego que te arde;
en tu cárcel criatura me llevas
en derivados de blanco y marea
rompiendo mi canto en la tarde.

Dos maneras, palabra y amante,
corazón sangrante de un poeta,
¡pero qué lindo ver que revuelas
reteniendo gloria en mi hambre!

Pero nadie ¡ah! corazón sencillo,
da para ti la llamada perfecta,
y siempre en luto tus piernas,
y nunca el viento en tu camino.

Como las olas te vas en alarde
de no entregarte y lo quisieras,
dejarte caer en la blanca arena
y en la blanca arena dejarte

el amor bendito, ángel dormido
cerrado a cal entre sus cuevas,
el agua partida como una guerra,
ceniciento ángel de mis desvaríos.